Marcelos y Carminas – un comportamiento medible científicamente

Todos y todas, hermanos y hermanas, nos hemos preguntado mil veces a qué se debe ese comportamiento tan definido y a veces tan errático que siguen nuestros mayores que pululan por la calle.

Sí, hablo de los  Marcelos y las Carminas (jubilad@s/pre-jubilad@s), desde una óptica científica.

Marcelos:

Llámese Marcelos a todo varón de 50 o más años, presumiblemente pre-jubilado o jubilado, con horas y horas de experiencia a sus espaldas en lo relativo al ocio, al paseo urbano y rural y al ruteo de bares.

Se les suele identificar por su cansino andar, a menudo con los brazos cruzados por detrás de la espalda, y que por las mañanas suele acompañarse de una bolsa con una barra de pan, la cual adquieren a primerísima hora del día para pasearla por la ciudad, barrio o pueblo durante horas, antes de acudir a su comida diaria.

Carminas:

Las Carminas son aquellas mujeres de 50 o más años, presumiblemente pre-jubiladas o jubiladas y en gran parte amas de casa y admirables trabajadoras familiares. A ellas les debemos devoción y gratitud.

Se suelen caracterizar por disponer del peinado estándar, es decir, pelo corto y teñido de rubio o castaño claro. Las Carminas son muy sociales, son capaces de ejecutar una tertulia en la calle independientemente de la temperatura ambiental y del número de bolsas de compra que lleven en sus manos. Se han visto casos de deshidratación y bajadas de tensión entre ellas, sin que cejaran en su empeño de intercambiar chismorreos y cotilleos varios.

Comportamientos típicos de los Marcelos y las Carminas:

Tras un breve paseo por el barrio en un día laboral podréis corroborar los siguiente tópicos con respecto a los Marcelos y Carminas (jubilad@s/pre-jubilad@s), eso sí, desde una óptica científica:
1. RUIDO BLANCO: Su caminar por la calle responde a un patrón aleatorio denominado “ruido blanco”, uno no sabe si adelantar por la derecha, por la izquierda o directamente saltarlos. Se hace más peligroso en el caso de matrimonios, dado que las discusiones suelen ser frecuentes y el ruido blanco se multiplica por n (con n desde el “tira por aquí, que no te enteras” hasta infinito).
2. DETENCIONES BRUSCAS:  La probabilidad de que se paren sin previo aviso delante de tus narices para aseverar alguna cuestión entre ell@s aumenta proporcionalmente según reduzcas la distancia con ell@s. Se han registrado casos de impactos capaces de activar el airbag de un todoterreno. Además, hay que tener cuidado con los impactos laterales en los adelantamientos, como por ejemplo los aspavientos con las manos y los bastonazos. Aconsejamos disponer de un seguro a todo riesgo.
3. TEMPERATURA DE LA CONVERSACIÓN: Normalmente, los Marcelos suelen elevar los grados en relación directa con dos factores: ingesta de vinos y tema de conversación. Los temas más candentes suelen ser el fútbol y la política. La combinación de ambas junto con el número de vinos tomados suelen dar lugar a conversaciones elevadas de tono.

Mientras que ellas, las Carminas, se decantan más por la crítica constructiva o no de situaciones familiares, como la situación laboral de sus hijos, la idoneidad o no de la pareja de sus hijos (en especial si es hijo varón) y la clara alusión al tamaño de los calzones de su marido (calzonazos). Es muy significativo que las Carminas utilizan la expresión “Mi nuera dice …” (con gesto de desaprobación) 1 de cada 5 veces por calle, pudiendo aumentarse a 2 de cada 5 en época navideña.
4. EFECTO BOLA DE NIEVE: los Marcelos, en especial aquellos ataviados con una bolsa de pan desde las 9 de la mañana, consiguen adherirse a grupos de individuos mayores por acumulación, llegando a establecer además jerarquías en función del tiempo que lleven en la calle desde que salieron a comprar el pan. Esto complica gravemente el punto 1, ya que la superficie ocupada por el grupo es mayor, y el comportamiento aleatorio de varios individuos hace que la suma de todos siga una variable aleatoria con media desconocida y varianza superlativa.

Sin embargo, las Carminas disponen de un ascentral sistema de protección capaz de dotarles de la claridad necesaria para abandonar grupos de individuos que se convierten en un número ya peligroso. Suele darse el caso con más frecuencia cuando aparece la Carmina “n+1”, que suele sembrar discordias entre un número determinado de Carminas presentes, lo que obliga a la salida de éstas, que a su vez constituyen un grupo aparte para criticar a la individuo “n+1”. Este proceso, puede repetirse tantas veces como las Carminas quieran, dando lugar a mini-grupos en la calle que intercambian miradas y aspavientos entre ellos. Estos grupos o “clústers” suelen ser homogéneos entre sus invidivuos y heterogéneos entre sí, dando lugar a centroides. Estos centroides suelen ser las Carminas dominantes, capaces de aglomerar diferentes puntos de vista, eso sí, siempre en desacuerdo con el resto de centroides de los otros grupos. La probabilidad de escape de una Carmina de su grupo es variable y está determinada por la hora de la compra y el peso de las bolsas.

5. INTERRELACIÓN CON EL RESTO DE VIANDANTES: La evolución de la moda, la tecnología, la música, etc. marca significativamente la convivencia de la sociedad y los marcelos y carminas.

Todo Marcelo que se precie es capaz de dirigirte dos miradas consecutivas, una de sorpresa y otra de desaprobación en función de tu vestimenta, que suelen ser seguidas de un comentario despectivo. El efecto étcnico es también muy importante. Se han dado casos de Marcelos con rotura total de cuello tras el paso de un muchacho negro de 2 metros por la acera. También está la componente sexual: cuanto más ajustada y corta la ropa de las muchachas mayor será la velocidad de detección de la marcha del Marcelo y su capacidad de giro, llegando a ser de 180ºc entre los más avezados, con la consiguiente abertura parcial de la boca y ojos.

En cuanto a las Carminas, es sabida su capacidad para ocupar las aceras en su mayor expresión. Ya pueden ir solas, en parejas o en grupos reducidos, el Paseo de la Castellana se les queda corto. Esto lo saben las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, que, con el fin de mejorar su performance en manifestaciones y actos públicos, han asistido a cursos con las Carminas sobre la capacidad de dispersión de los viandantes y el factor de ocupación de las vías. En cuanto a sus miradas, aunque igual de castigadoras y desafiantes, suelen finalmente ir acompañadas de un gesto de desaprobación maternal, lo cual les confiere un aspecto menos desafiante que el de los Marcelos.

Finalmente, en el caso de los Marcelos, la relación con el tráfico rodado suele dar lugar a dos situaciones típicas:

– Pasos de cebra: es conveniente “intentar dejarles pasar”, aún a sabiendas de que no van a cruzar, y lo que es peor, te harán un gesto con el brazo obligándote a pasar con el coche una vez has detenido. No trates de pasar directamente sin hacer intención de dejarles cruzar, ya que en ese caso, en tu alejamiento del paso de cebras oirás insultos e injurias hacia tí y la “nacionalidad de tu coche” (de tener matrícula antigua con provincia) y por el espejo observarar una serie de aspavientos desagradables.

– Aparcamientos: aunque en desuso, los Marcelos modernos suelen seguir los comportamientos ascentrales desde la aparición de los coches en nuestras vidas. Es muy probable que en tu maniobra de aparcamiento notes el aliento en el capó de tu coche de un Marcelo, indicándote cómo aparcar con palabras directas y tradicionales como “endereza”, “hasta que suene”, “así no, inútil!”, “dobla, dobla”, “que te avías!”, etc. En estos casos, la DGT sugiere ignorar al Marcelo ayudante, aunque es conveniente agradecerle su colaboración a la salida del vehículo para evitar altercados.

Seguro que me quedo en el tintero con más casos típicos que cualquiera de nosotros nos hemos encontrado y encontraremos en nuestra rutina diaria con respecto a nuestros queridos Marcelos y Carminas.

Recordar que en un futuro no muy lejano (si la crisis lo permite) nosotros mismos nos convertiremos en estos seres tan entrañables que hoy son nuestros padres y hermanos, tías y tíos, abuelas y abuelos, etc.

Feliz años 2013!

 

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